El 10 se septiembre de 1982, en la aldea Tzisbaj, Jacaltenango departamento de Huehuetenango, el Ejército violó el derecho a la vida, a la integridad física y a la libertad de varios pobladores de dicha comunidad.
Las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC) no confiaban en las patrullas de Tzisbaj, ya que éstos sabían que el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) habían llegado varias veces a la aldea para realizar reuniones y que habían pobladores que apoyaban a los guerrilleros.
La mañana del 10 de septiembre los patrulleros estaban haciendo turno, cuando a lo lejos divisaron a un grupo de hombres armados, vestidos de verde olivo, que se aproximaban a la aldea. Los desconocidos abrieron fuego contra los patrulleros y se distribuyeron alrededor de la comunidad, los patrulleros pensaron que los desconocidos pertenecían a la guerrilla, por lo que respondieron al fuego. Mientras tanto un poblador corrió a comunicar lo que estaba sucediendo al destacamento militar, que estaba ubicado en la cabecera de Jocotenango.
Los miembros de las PAC se enfrentaron con el grupo de desconocidos, hiriendo a uno de ellos. Los habitantes corrieron a refugiarse a sus casas, pero en el ataque por parte de los desconocidos murieron seis vecinos y cuatro resultaron heridos.
Los desconocidos luego de vencer la resistencia de los patrulleros llegaron al centro de la aldea, reunieron a la gente en el parque y admitieron ser miembros del Ejército del destacamento militar de San Antonio Huista. Mientras tanto, los soldados encerraban a las mujeres y niños en la iglesia, y a los hombres los colocaban en fila frente a la escuela. El oficial a cargo del operativo le dijo a los hombres que tenía la sospecha que la población apoyaba a la guerrilla y que ese día se había comprobado, ya que habían sido atacados por la comunidad.
El oficial ordenó a los soldados que catearan las casas para buscar a las personas escondidas y descubrir armas. Los soldados se robaron los radios, grabadoras, ropa, dinero y otros objetos de valor.
Al terminar el cateo volvieron al centro del pueblo. El oficial sacó un papel del bolsillo de su camisa y ordenó a los hombres que uno por uno pasaran presentando su cédula de vecindad. El papel contenía una lista de nombres de personas que estaban relacionadas con la guerrilla. Seis personas aparecieron en la lista y fueron llevadas a la escuela, donde los soldados se encargaron de hacer los interrogatorios y de torturar a los aldeanos detenidos.
Además de las seis personas detenidas, apresaron a uno de los profesores de la escuela, bajo la acusación de ser jefe guerrillero.
Los gritos y golpes que les daban a los detenidos se podían escuchar desde el exterior de la comunidad. Al poco tiempo, el oficial ordenó que amarraran a las víctimas en los pilares de la alcaldía auxiliar, con excepción del profesor. El oficial le comunicó a la comunidad que iban a presenciar cómo terminaban los guerrilleros y las personas que los apoyaban, y ordenó a un grupo de soldados que formaran una fila delante de las víctimas, alzaron sus fusibles y a la orden de fuego del oficial, dispararon. Cinco personas murieron en el acto pero una aún respiraba, al percatarse el jefe de la operación militar le dio el tiro de gracia. Toda la comunidad observó cada movimiento de los soldados y la ejecución de los vecinos.
A las ocho de la noche la tropa se dirigió al destacamento militar ubicado en la cabecera municipal de Jacaltenango, llevándose amarrado al profesor, mientras que los vecinos de la aldea trasladaban a los heridos al hospital.
El profesor permaneció ocho días detenido en los que fue sometido a torturas. Después de ser de ser liberado, era frecuentemente amenazado y al no soportar la situación una madrugada de octubre huyó hacia México.
La acción militar tuvo como resultado 17 víctimas, 12 ejecutados de los cuales 6 fueron torturados, 4 heridos y 1 detenido.